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Deriva escópica
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© lisi prada, 2015

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Los silencios de la historia
[Una lectura, un comentario al vídeo-ensayo 'Deriva escópica']

por Sebastián Bravo Bravo[1]


Ese "ciego, sordo y mudo" puede ser atravesado por la dialéctica, su resultado sería un tuerto, medio sordo y tartamudo. Con la dialéctica enfrentamos lo oscuro del cuerpo con la palabra que apenas puede nombrarlo. Tenemos que encontrar la imagen dialéctica (Benjamin) para poder vivir (malvivir).

Bien, el ojo de la cámara se encuentra con un público (turistas, paseantes...) situado frente a una singularidad, la sonrisa de la Monna Lisa (la Monna, la Madonna Lisa, la Señora Lisa). Intentan acceder a ella de mala manera, eso atisba el ojo de la cámara. Se vuelve piadoso ese ojo-cámara, es una Cháritas[2], quiere enseñar a ese público otra manera [¿la buena manera?] de encontrarse con una singularidad.

Una singularidad es lo extraído de lo profundo del cuerpo, aquello que no forma parte de la imagen, la entraña (Djuna Barnes, El bosque de la noche), el goce o letra (Lacan), una haecceidad (Deleuze), una condensación de libido (Freud), aquello que alimenta el deseo, la vida. Se trata de hacer una extracción, la extracción del objeto.

Una singularidad, la enigmática sonrisa de la señora Lisa. El ojo-cámara tiene la caridad de decirnos la buena manera de acceder a la singularidad. El ojo-cámara se desgarra, divide la imagen, ahora el público aparece partido en dos en la pantalla. La ojo-cámara se ha desgarrado haciéndose labios, ahora es una cámara-labios, una cámara-sonrisa enigmática. Divide, desgarra la imagen, la fragmenta, el público deviene los invitados de Las bodas de Canaan, todo se vuelve alucinación. Y entre los labios-cámara emerge la alucinación de una mujer-pintura, el público devino "invitado de boda" y la Monna Lisa devino pintura.

Ahora todo son dobles, todo son labios, público-invitados de boda, Lisa-mujer pintura, la imagen de la pantalla es doble, todo se trocea, todo deviene locura, sabemos que "el desastre cuida de todo" (Blanchot, La escritura del desastre). El secreto de la sonrisa de Lisa se presenta, ¿qué busca la sonrisa? "La caricia no sabe lo que quiere" (Levinas). Claro, la caricia, el abrazo, la sonrisa, es un desorden, no saben lo que quieren, son letras-singularidades, sinsentido, locura de la luz (Blanchot), el desorden de la vida extraído de los cuerpos que no pueden vivir. Deleuze concluyó en su obra: "No podemos vivir" (Cine II). Los cuerpos están aturdidos, necesitados de la extracción del goce para poder emparejarse (alucinarse) con él.

¿Cuál es la buena manera? El ojo de la cámara nos lo cuenta, el secreto de la sonrisa de la Monna Lisa, la señora Lisa (Lisa/Lisi, dobles de sí) consiste en cortar y suturar (Lacan); el secreto de la sonrisa, el secreto de la singularidad: la edición, el montaje.

La mala manera es la instantánea [irreflexiva] que lleva a atrapar, completar, hacer un todo; mientras que la buena manera sería la edición, el montaje que lleva a doblar, fragmentar, a dialectizar la imagen (Benjamin, Didi-Huberman), lleva a que la entraña extraída se encuentre con la palabra sin resuello. Se trata de lo que dice J. Michelet (Journal, I):

"... debemos escuchar las palabras que jamás fueron dichas, que permanecieron en el fondo de nuestros corazones (palpen los suyos, allí están); es preciso hacer hablar los silencios de la historia, esos terribles puntos culminantes, donde ella ya no dice nada y que son, justamente, sus acentos más trágicos".

Esto es también lo que decía Benjamin cuando hablaba de "el instante del peligro". Es el instante en que la entraña extraída en la imagen nos pide la palabra no dicha en el momento del trauma histórico, cuando no pudimos hablar. Solo mediante el montaje podemos extraer la entraña loca que nos reclama la palabra no dicha, la palabra silenciada por el poder, palabra muda, palabra entraña que ahora podremos tartamudear mientras la vemos con el ojo tuerto, desgarrado. El desorden de la sonrisa alucinada, el desastre del cuerpo que no puede vivir nos pide la palabra revolucionaria. Una sonrisa enloquecida, revolucionaria, extraída por medio del montaje que hace los dobles dialécticos.

Pero no debemos olvidar lo que Freud llamó "la intrincación pulsional", se trata del juego de las distintas pulsiones; en esta obra de Lisi Prada también se presenta la pulsión [drive] invocante (no solo es una deriva escópica sino también una deriva invocante). La mala manera hace "clic clic clic" se trata de una repetición bruta (Deleuze) una repetición sin dialéctica, siempre lo mismo. Pero Lisi Prada nos muestra la repetición viva, la que incluye la diferencia. Es que hay también un montaje del sonido, singularidades invocantes. Viendo y escuchando la deriva del vídeo me vino al recuerdo lo que contaba el director de cine Farock en su libro Desconfiar de las imágenes; se trata de un hombre que trabaja en una fábrica de aspiradoras, cada día roba una pieza. Al cabo del tiempo ya tiene en su casa todas las piezas y se dedica a montar la aspiradora, y lo haga como lo haga el resultado siempre es el mismo: una ametralladora.

Esto es lo que se oía en el vídeo, el pasaje del "clic clic clic" de la instantánea al "rata ta tá..." de la ametralladora, la voz se ha vuelto revolucionaria, pide la palabra no dicha.

En definitiva, la cháritas de Lisi Prada nos muestra que por medio del montaje podemos acceder al desorden revolucionario de la palabra que quedó silenciada en la historia.


[1] Sebastián Bravo Bravo, incansable lector, estudioso del arte y la cultura de nuestro tiempo, es psicoanalista.

[2] Me rebelo contra esa Cháritas "que entiendo más cercana a una moral que a una ética, preferiría el término Agápé, incluyendo -para poder decir el síntoma-, ese sentido sacrificado del amor que devora al amante, como sucede en Arrebato, o una edición [un montaje] que deja tuerto al editor…". La respuesta de SBB me parece imprescindible para comprender el texto: "El cristianismo se apoderó de la Cháritas griega, es una pena porque apenas podemos ya vislumbrar su concepto. Lo entiendo más como Bataille cuando nos presenta su Madame Edwarda, con razón dices 'la puta Cháritas'. En definitiva la entiendo como el desasimiento, la desnudez, la presencia fuera de sí [extrañamiento]".
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